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Cómo descifrar el lenguaje de los ojos Imprimir E-Mail


De alguna manera, el contacto ocular nos hace sentir -vivamente- abiertos, expuestos y vulnerables. Tal vez ésa sea una de las razones que induce a la gente a hacer el amor a oscuras, evitando la única clase de contacto (el ocular) que es el que más tiende a profundizar la intimidad sexual.
Jean Paul Sartre sugirió una vez que el contacto visual es lo que nos hace real y directamente conscientes de la presencia de otra persona como ser humano, que tiene conciencia e intenciones propias. Cuando los ojos se encuentran se nota una clase especiar de entendimiento de ser humano a ser humano. Una chica que tomaba parte en manifestaciones políticas declaró que le advirtieron que en caso de enfrentarse a un policía, debía mirarlo directamente a los ojos. Si lograba que él la considerase como otro ser humano, tenía más posibilidades de ser tratada como tal. En situaciones en que debe mantenerse una intimidad mínima, por ejemplo, cuando un mayordomo atiende a un convidado, o cuando un oficial reprende a un soldado, el subordinado tratará de evitar el contacto visual manteniendo la mirada directamente hacia el frente.
Las diferencias interculturales relativas al comportamiento visual son considerables y algunas veces importantes. El antropólogo Edward Hall ha observado que los árabes se paran muy cerca para conversar y se miran intensamente a los ojos mientras hablan. Por otra parte, existen sociedades en el Lejano Oriente donde se considera de mala educación mirar a la otra persona mientras se conversa. Para los norteamericanos, la mirada prolongada de los árabes resulta irritante; pero evitar los ojos totalmente como lo hacen en el Lejano Oriente, representa un síntoma de enfermedad. Los norteamericanos encuentran que la etiqueta de los ingleses es algo extraña, ya que éstos, a no ser que estén muy cerca, fijan intensamente los ojos en los de su interlocutor. Los ingleses realizan menos movimientos con la cabeza ya que sus parpadeos y la mirada fija señalan que están prestando atención. La costumbre norteamericana es variar continuamente la dirección de la mirada de un ojo a otro o apartar totalmente los dos del rostro. Esta forma de mirar en lugares públicos varía de un país a otro. "Mi primer día en Tel Aviv fue perturbador" -narra un viajero-. "La gente no sólo me miraba fijamente sino que lo hacía de arriba abajo. Me preguntaba si no estaba despeinado, o tenía el cierre del pantalón bajo, o simplemente parecía demasiado norteamericano... Finalmente una amiga me explicó que los israelíes no consideraban extraño mirar fijo a una persona en la calle. En Francia se admite que un hombre mire abiertamente a una mujer por la calle. Más aun, las mujeres francesas suelen quejarse de que se sienten incómodas en las calles de Norteamérica, como si repentinamente se hubieran tornado invisibles.
En Norteamérica las reglas son diferentes. El sociólogo Erwin Goffman ha explicado que en los lugares públicos los norteamericanos se otorgan "desatención civil", es decir, que incluyen visualmente al otro para que comprenda que se lo percibe, pero no demasiado para no parecer curiosos o entrometidos. En la calle se adopta una forma especial de mirar al otro cuando se está a una distancia de dos metros y medio aproximadamente, durante ese tiempo se hacen gestos, y cuando el otro pasa, se bajan los ojos para "mitigar las luces", como lo describe Goffman. Posiblemente éste es el más leve de los rituales, pero se usa constantemente en nuestra sociedad.
Los norteamericanos piensan que mirar fijo en público es una intromisión en la intimidad, y ser sorprendido en esta actitud es embarazoso. La mayoría de las personas se enfrenta con el problema de no saber hacia dónde mirar cuando comparten con otra un espacio pequeño como el ascensor. Por otra parte, cuando uno debe reunirse con otra persona a la que no se conoce en un lugar público, el tabú de la mirada facilita el medio de descubrirla: seguramente, violando la regla dirigirá una mirada interrogante. Los homosexuales dicen que con frecuencia pueden ubicar a otro homosexual en un lugar público simplemente porque éste les llama la atención con la mirada.